T1. Rostros nuevos, caras amigas

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A menudo no somos conscientes de nuestra fuerza interior hasta que una situación extrema nos empuja a descubrirla. Cambiar de país y, en cierto modo, de vida es un buen ejemplo de ello. Quizá el mejor, porque desenvolverse en un entorno distinto –muchas veces, sola y lejos de la red social y afectiva de siempre- requiere poseer unas notables cualidades. Tres de ellas: talento, perseverancia y convicción. Convicción para tomar decisiones, perseverancia para sostenerlas en el tiempo y talento para asimilar sus consecuencias, que no siempre son previsibles y, en ocasiones, tampoco agradables.

Esta tarde ha tenido lugar el primer encuentro del año. Diecisiete mujeres –madres, hijas, hermanas, luchadoras todas- procedentes de diversos países se han dado cita en Getxo para verse por primera vez y poner en común sus experiencias migratorias. ¿Iguales? No. ¿Similares? Sin duda. Aunque hoy se han compartido diecisiete viajes, diecisiete relatos y diecisiete vivencias personales distintas, el ejercicio de contarlos ha permitido descubrir que son más nítidas las coincidencias que las diferencias. Probablemente por ello, en menos de tres horas, los diecisiete rostros nuevos se transformaron en diecisiete caras amigas.

El escaso ‘hielo’ inicial tardó poco tiempo en romperse. Los juegos que propuso Cony –en apariencia, muy simples- levantaron la barrera de la confianza y dieron paso a un sinfín de confesiones, reflexiones y palabras. ¡Tantas palabras! Evidentemente, había ganas de hablar. Necesidad de hablar. Y mucho para contar. De pronto, aquello que estaba contenido y resguardado en lo más íntimo de cada una pareció cobrar sentido allí, ante el oído atento y solidario de las demás. “¡Qué bueno poder hablar de esto!” “Sí, habría que hacerlo más a menudo.” “Estoy contenta de conocerlas”. “Y yo”. “Me gustaría que fuéramos amigas”.

Escuchar (y ser escuchadas) sin recelos ni ganas de juzgar ha sido la piedra angular de este encuentro y, desde luego, de la empatía. Saber que hay otras personas con inquietudes y renuncias parecidas a las de una es un buen prisma para poner en perspectiva la historia propia, para aliviar la angustia y abordar de otra manera las culpas. “Estoy contenta de haber venido”. “Yo tengo ganas de volver”. “Me siento alegre y agradecida”. “Estoy contenta y a gusto…”. Las reflexiones en este sentido han sido muchas. Pero, entre todas ellas, ha destacado una por intensa, concisa y certera: “Ahora sé que no estoy sola”.

La soledad… Cuando se libran batallas, no es la mejor compañía. Y hoy hemos descubierto que es versátil y puede adoptar muchas formas. “Mi marido salía a trabajar a las cuatro de la mañana y llegaba a casa a las diez de la noche. Yo era como su empleada doméstica: limpiaba, cocinaba y tenía todo prohibido. Él no quería que estudiara castellano; ni siquiera me dejaba visitar a mi hermana, que vivía en la misma ciudad. Por eso lo dejé. Me vine para aquí, conseguí un trabajo, tramité el divorcio y ahora tengo medidas cautelares, una orden de alejamiento. He puesto tierra de por medio y quiero salir adelante”. El testimonio de Aisha (*), una joven marroquí, ha conmovido al grupo a tal punto que, al acabar su relato, un aplauso espontáneo y unánime ha resonado en la sala.

Su experiencia personal y, más que eso, su valentía han despertado ecos sinceros en los relatos de las demás. Historias de cambios. Decisiones duras. Todas las mujeres que hoy se han reunido en Getxo han pasado por momentos difíciles y se han sentido, en mayor o menor medida, cuestionadas e incomprendidas por sus entornos en el proceso. De ahí el valor de esta reunión sin juicios, ni sentencias ni consejos. Esta tarde, cada una se ha visto reflejada en las demás. Y, a su vez, ha sido espejo de sus compañeras. Esta tarde de emociones, entre sonrisas, abrazos y lágrimas, ha emergido esa mujer interior que habita en todas nosotras. Esa Mujer con mayúscula que muda de piel, que un día comienza a dar pasos y, al final, corre con lobos.

(*) Los nombres utilizados en el blog son ficticios para proteger la intimidad de las participantes de los talleres.

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