Archivos Mensuales: octubre 2011

T2. Afrontando el cambio

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El objetivo del segundo taller es abordar el fenómeno migratorio desde una perspectiva psicológica. En concreto, pretende situar la experiencia personal de cada una de las participantes en un contexto más amplio, común a todas, y mostrar cómo el cambio de país, de cultura y de vida repercute en el plano intelectual, emocional y, también, físico.

No hay atajos. La migración siempre entraña una crisis (del latín Crisis, y este del griego κρίσις), es decir, un cambio brusco y repentino que está profundamente marcado por la sensación de vacío, inseguridad y tristeza. Existe una pérdida (de proximidad con los afectos, del entorno conocido, de rutinas, costumbres, paisajes…) y, en consecuencia, un duelo.

Ese duelo migratorio, sus características y alcances constituyen, por tanto, el eje de esta reunión.

La psicóloga mexicana Ana María Uribe Velázquez ha ofrecido una ponencia muy didáctica y amena para abordarlo. Ha descrito sus rasgos y ha fomentado la participación del grupo, invitándole a compartir sus experiencias y sus dudas.

“Me gusta mucho trabajar en grupo porque, de ese modo, es posible visualizar mejor este proceso de cambio y de duelo -sostiene la experta-. Así, cada persona lo ve en sí misma y, a su vez, en las demás. Y esto es el punto inicial para una mejora. Cuando lo ves tan claro dices ‘sé lo que me pasa y sé que necesito ayuda’. A partir de ese momento, se puede trabajar más en profundidad”.

Especialista en tanatología y con una amplísima experiencia profesional en este campo, Ana María Uribe señala que el objetivo principal de su ponencia es que seamos conscientes de aquello que estamos viviendo y de las repercusiones psicológicas y emocionales que conlleva.

“Una vez que lo visualizas, puedes comprenderlo de otra manera -prosigue-. Durante el proceso migratorio se disparan mil preguntas para las que no encontramos respuesta. Observamos que nos suceden cosas, pero no sabemos por qué. No conseguimos situar el insomnio, el estrés, la apatía social o ese dolor en el cuerpo como un efecto directo del enorme cambio que atravesamos. Muchas veces, la persona que migra siente que se está volviendo loca”.

La “locura” queda descartada cuando la persona encuentra una explicación racional a lo que le ocurre. Y ahí estriba la importancia de este taller. “Es fundamental hablar sobre el duelo migratorio, explicarlo y darle difusión. Es verdad que ahora se conoce un poco más que antes, gracias a Joseba Achotegui y el ‘Síndrome de Ulises’, pero aún queda mucho por hacer. Quienes migran, en general, relegan esto a un segundo plano porque tienen que resolver necesidades más primarias, como la vivienda, los papeles y el trabajo. Y, desde una perspectiva de género, este escenario es peor. Las mujeres, históricamente, estamos acostumbradas a postergarnos”, recuerda la psicóloga, a modo de reflexión.

Por ello, al finalizar la ponencia de esta tarde, se ha proyectado y leído un cuento sobre una mariposa. La moraleja del relato es que todas las personas -en este caso, mujeres migrantes- tienen la oportunidad de elegir cómo enfocar este cambio, este viaje. Cada quien tiene en su mano la posibilidad de crecer y enriquecerse en el proceso porque, ante todo, es una decisión. Así, al igual que en el relato, cada participante del taller ha recibido una pequeña mariposa de papel. Su significado ha variado de una a otra, pero todas han sabido, en ese instante, que el presente (y el futuro) puede estar en sus manos.

En esa línea, Cony Carranza, la dinamizadora del encuentro, indica que “buena parte de la responsanbilidad de nuestra vida esta en nuestras manos”, pero matiza que también existen barreras y lastre externos. “Este sistema capitalista, hermanado con el patriarcado, nos limita, nos empobrece y nos dificulta muchos de nuestros procesos y de nuestro caminar como mujeres”, recuerda la facilitadora. Y subraya una cuestión que no debemos perder de vista: “Estos sistemas son responsables de muchas situaciones injustas y desiguales que hemos vivido, tanto en nuestros paises de origen como en la sociedad de acogida. Esta realidad -continúa- debe animarnos a luchar juntas y hermanadas para lograr una sociedad más justa y digna para todas y todos”.

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T2. Ese duelo del que nadie nos habló

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Cuántas cosas nos suceden al migrar. Cuántos cambios -físicos, emocionales, anímicos- se producen en ese recorrido. Y cuántas veces los experimentamos sin darnos cuenta… O notándolos, pero sin saber a qué se deben o qué son.

Hoy hemos recibido una visita estupenda. Ana María Uribe Velázquez ha venido para hablarnos del duelo migratorio, sus alcances y características. Gracias a ella -que, además de psicóloga, es inmigrante- hemos conocido mejor ese proceso que todas nosotras atravesamos en mayor o menor medida. Así hemos descubierto, por ejemplo, que la tristeza, el insomnio, el dolor de cabeza o las ganas de llorar no son casuales; que no aparecen ahora ni con tanta frecuencia porque sí.

Ana María nos ha hablado sobre diversas cuestiones, todas ellas interesantes y muchas de ellas conocidas. No en vano, a medida que nos ofrecía sus palabras, la mayor parte de nosotras asentía con la cabeza. “Claro”. “Cierto”. “Es verdad”.

Foto: José Reynaldo Da Fonseca

A lo largo de su ponencia, nos ha hecho ver el estrés que padecemos (generalmente, sin saberlo) y nos ha explicado que tiene importantes repercusiones en nuestra vida cotidiana.

Más de una compañera ha dicho hoy que los sentimientos de aislamiento, de soledad y desamparo le resultan habituales. Más de una confirmado que sí, que a veces da pereza salir, que no dan ganas de hacer amigos y que cuesta hacerse entender aquí aunque se hable el mismo idioma.

Más de una ha asegurado, también, que vive pendiente del tiempo y las horas. “Entre semana no puedo hacerlo porque trabajo, pero los fines de semana, cuando quedo libre, me cambio el reloj. Uso el que tiene la hora de mi país, así sé cuándo llamar, si es de día o es de noche, y puedo imaginar qué estará haciendo mi familia”, ha dicho Silvia(*), una compañera de Nicaragua que llegó a Euskadi hace seis meses.

En relación a la familia y los afectos distantes, Ana María ha mencionado esa sensación de vacío que nos llena tras perder súbitamente a la querencia. Se ha referido a la ambigüedad. Los padres, los hijos, la pareja o los amigos se quedan allá, en nuestros países. Y aunque sabemos que están bien, no los tenemos con nosotras, no están cerca.

El estrés psicosocial, la nostalgia por lo que dejamos atrás y la noción de que se han esfumado todos los marcos de referencia hacen mella en nuestro día a día. Lo notamos en la falta de fuerzas, en la pérdida de energía. En la salud. “Emigrar es una experiencia que te quita mucha vida”, ha dicho Paula(*), que es de Bolivia. Y no lo ha dicho porque sí. Poco después de llegar, comenzó a sentirse mal y los médicos le diagnosticaron una enfermedad crónica degenerativa. “Por suerte está bajo control”, celebra con optimismo.

Lo que no está tan controlado, en cambio, es el asunto de la identidad y la pertenencia: quién soy, de dónde soy o cómo me ven los demás. “Aquí soy extranjera, pero en Bolivia, de algún modo, también”, ha continuado Paula. “Hace unos meses fui allí con la intención de quedarme, pero mis propios compatriotas me negaban el trabajo. La gente asume que, al haber vivido en Europa, no lo necesitas. Es como si los que se quedaron te castigaran por haberte ido”.

Foto: José Reynaldo Da Fonseca

La intervención de Paula nos ha dejado pensando, como las explicaciones de Ana María. El sentimiento general ha sido de gratitud, y así se lo hemos hecho saber al acabar el encuentro de hoy. Cuánto bien nos ha hecho a todas entender mejor qué nos pasa. Y, sobre todo, qué bueno es saber que, a pesar de las dificultades, somos las únicas dueñas y responsables de nuestro destino.

(*) Los nombres utilizados en el blog son ficticios para proteger la intimidad de las participantes de los talleres.